29 mayo 2007

Gigantes y Molinos 2.0: Los Contenidos Generados por Usuarios

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Fabián comenta hoy un artículo de Expansión que yo también había leído hace unos días y que se me había quedado en el tintero. En él se comentan los miedos que generan en las empresas el creciente protagonismo de los usuarios que supone la Web 2.0, todo esto a colación de la presentación de un libro titulado "Web 2.0" por parte de la Fundación Orange (podéis descargar el libro en el enlace).

No cabe duda, como indica también Fabián, con gran conocimiento de causa, que la pérdida de control sobre creación y difusión de contenidos está generando mucho nerviosismo en las empresas. No obstante, esos temibles gigantes que ven algunos, resultan ser molinos de lo más corriente cuando se miran más de cerca.

La temible amenaza de los contenidos generados por los usuarios para la producción de contenidos tradicional parece haber sido tremendamente sobrestimada. Aunque probablemente todos teníamos claro que la gente que crea es poca en relación a la que consume, los datos que aporta el libro son bastante reveladores: sólo el 0,16% de usuarios de YouTube cuelga vídeos, el 0,2% de los visitantes de Flickr pone fotos y el 4,5% de los usuarios de Wikipedia edita artículos

Aunque Fabián es optimista y opina que los que aportan lo hacen con mucho entusiasmo e intensidad, yo no lo veo tan claro. Si consideramos la calidad de dichos contenidos, el gigante adquiere más aspecto todavía de molino. Como comenta Nicholas G. Carr acerca de un concurso de Heinz para aprovechar la creatividad de los usuarios, el tiro puede salir por la culata, y además de forma espectacular. La calidad de los videos recibidos es bastante mala, la propia comunidad está reaccionando negativamente a la idea de que Heinz pida trabajo gratis y encima examinar todo ese material les está costando mucho dinero. Y no se vayan todavía, que aún hay más: los peores vídeos para Heinz son los que se están haciendo más populares (el artículo de Carr comenta a su vez este artículo del NY Times)

Esto no quiere decir que no haya un impresionante potencial ahí fuera, y lograr canalizarlo puede proporcionar una gran ventaja a una empresa. Pero apostaría a que muchos de esos usuarios creadores tan activos dejan de serlo por la vía rápida en cuanto aparecen en el radar de las empresas tradicionales; como ejemplo, Ryan Wieber, uno de los autores de los vídeos Ryan vs Dorkman que comenté hace tiempo, obtuvo un trabajo en LucasArts como consecuencia de la fama de su trabajo como aficionado. Creo que esta dinámica hace que a la larga los mejores creadores terminarán en tu plantilla o en la de otro, y creo que sé qué opción preferiría yo.

Creo que por ahora no hay que precipitarse a despedir al departamento de publicidad...

4 comentarios:

Fabián dijo...

Me gusta tu aproximación al tema.

En mi opinión, sin embargo, el nerviosismo de las empresas está justificado con los ejemplos que tú mismo pones. Gente descontrolada genera materiales de mala calidad (incluso cuando están a tu favor), usando tu imagen de marca y las distribuyen a lo largo y ancho del mundo.

Pero también es cierto que no hay que exagerar. Una buena política de imagen corporativa tiene, en mi opinión, bastante más peso global que la web 2.0. En todo caso, le estaremos echando un ojo por si acaso.

Cesar Viteri dijo...

Pones el dedo en la llaga Fabián ;o)

El problema de fondo para la empresa es la pérdida de control sobre la información y el ajuste forzoso a una nueva realidad, pero eso lo he tenido que dejar para la siguiente anotación .

Nos leemos,

porfineslunes dijo...

Interesante post. A mí lo que más me revienta es cuando las empresas piden que se les haga el trabajo gratis, sin dar nada a cambio más que el "honor" de ganar tal o cual piltrafa de premio (unos cupones del Carrefour por ejemplo).

Félix dijo...

Sin pretenderlo, hemos coincidido en el tema de la experiencia de Heinz, que también comento en mi blog. Me pareció muy novedoso el hecho de que puedan existir dos efectos paralelos, creados por los usuarios: por un lado, competir en el concurso de la marca, y por otro lado colgar sus contenidos para conocimiento público lo que, dada la escasa calidad, genera un descrédito para la marca. Era muy difícil para los marketinianos prever este efecto contrario a sus intereses. Señal de que el entorno está cambiando y de que cada día se aprende algo nuevo. Qué interesante.