19 abril 2007

La Teoría de las Restricciones y el Tráfico de Madrid



En el excelente blog de Mario, encuentro una anotación muy didáctica sobre la Teoría de las Restricciones (Theory of Constraints o TOC) aplicada al tráfico de Madrid y a las obras que soportamos. En la asignatura de Dirección de Operaciones que imparte Philip Moscoso en el EMBA del IESE estudiamos también la TOC y el método de mejora de Goldratt, y entre los distintos ejemplos de aplicación que comentamos algunos de los más interesantes eran los aplicados al tráfico. Resulta descorazonador encontrar por ahí tanto "experto en procesos" que no tiene siquiera las nociones básicas de este tipo de métodos de reingeniería y mejora, y el artículo de Mario expone muy claramente este método concreto.

No obstante, cuando uno se para a pensar en un sistema tan complejo como el tráfico, me cuesta ser optimista como él. Alguien me contó una vez que es una de las especialidades más difíciles en ingeniería de caminos, y que hay muy pocos especialistas.

El tráfico es diferente a procesos de negocio que uno encuentra en empresas o incluso al tráfico en una red de comunicaciones. Es la pesadilla de todo planificador: si fuera una cadena de montaje, sería una donde hay un mix de productos completamente impredecible, donde los productos tienen voluntad propia y deciden por qué máquinas pasan y donde se bajan del proceso, donde el sentido de la cadena cambia varias veces al día, a la semana y al mes, y donde realmente no tienes claro donde empieza y acaba la cadena... detectar cuellos de botella y arreglarlos no es tan fácil cuando el cuello de botella no está ahí la mitad del tiempo. Y a veces lo identificas, elevas la velocidad media... y tienes un montón de coches buscando aparcamiento muy rápido :oP

Hay una excelente novela llamada "En las casillas de la ciudad" de John Brunner donde uno de estos ingenieros de tráfico se enfrenta a problemas como estos: por ejemplo, diseñar las calles de una ciudad india para que una vez al año puedan absorber la avalancha de visitantes que viene a bañarse al Ganges.

Además de la complejidad inherente y de la escasez de expertos (que seguro que la hay, la hay en todos los ámbitos que conozco), hay otro tema. Entre nuestros políticos la formación más común parecer ser derecho o ninguna :oP. Estos temas les suenan a chino, incluso cuando son conscientes de que existen, y no parece que sus asesores los lleven mejor. De ahí la avalancha de despropósitos que sufrimos cada vez que los políticos se meten en ciencia, tecnología e ingeniería.

Nos leemos,

5 comentarios:

la que no encuentra su sitio dijo...

Esto... ¿es que los políticos sirven para algo más que desviar nuestra atención de los temas importantes? :P

Fabián dijo...

"De ahí la avalancha de despropósitos que sufrimos cada vez que los políticos se meten en ciencia, tecnología e ingeniería."

Vale, de acuerdo, pero...

¿Te has parado a pensar en científicos, tecnólogos e ingenieros haciendo política?

Da casi tanto miedo como lo otro.

Anónimo dijo...

Aprovechando que mencionas de nuevo el EMBA del IESE quisiera preguntarte sobre cómo te fue este segundo periodo lectivo.

Y también si podrías actualizar tus percepciones acerca del programa ahora que ya llevas más tiempo en él.

Rafael dijo...

¿Qué tal César? Ya que hablas del tráfico en una gran ciudad, te recomiendo leer(si no lo has hecho ya)el capítulo 4 del "Economista Camuflado".Interesante explicación de la teoría de las externalidades negativas y como hacer que percibamos su coste. Hasta donde llevo leído, un libro muy recomendable. Aprovecho para saludarte. Rafa(el que una vez fue becario en IBM)

Gabriel dijo...

Cuando ves el tráfico como un problema de optimización es porque no lo ves en su contexto. Al margen de que deba haber una optimización de los recursos y cuidar el eslabón más crítico, en realidad es un problema de preferencias.

A más capacidad de tráfico, más coches habrá, siempre hasta el punto de saturar el sistema de nuevo. Cuando los puntos más críticos sean ampliados, saldrán otros puntos críticos. Hay doscientos millones de viajes en cercanías que, en una pequeña parte, podrían aprovechar cualquier nuevo resquicio de capacidad para incorporarse al sistema.

Lamentablemente hay que poner una línea en algún sitio, y no pasarse de la raya.

Por eso digo que es cuestión de las preferencias del consumidor. Los consumidores siempre prefieren el coche hasta que se satura la vía, por tanto la llevan de nuevo a la saturación.

¿La alternativa? Mejorar el bien sustitutivo, como es el caso del transporte público.

¿La alternativa de la alternativa? Empeorar el bien principal, por ejemplo introduciendo peaje en el centro de las grandes ciudades. De esta manera reduces el tráfico por factores económicos en vez de por los atascos.

Es ahí donde nuestros políticos debieran actuar: mejorando el bien sustitutivo para evitar tener que empeorar artificialmente el principal.

;)