15 febrero 2007

Niels Bohr, el problema del barómetro y la creatividad

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Hoy, durante una reunión con los clientes de mi actual proyecto, nuestro interlocutor, personaje singular donde los haya, nos han contado esta anécdota -que copio/pego del Pollo de Goma - sobre el físico danés Niels Bohr:

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada.

Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leo la pregunta del examen y decía: "Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro".

El estudiante había respondido: "Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio".

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de sus de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contesto que tenia muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excuse por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: "Coge el barometro y déjalo caer al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la formula altura = 0,5 por g por T al cuadrado. Y así obtenemos la altura del edificio". En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dió
la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí, contestó; éste es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando en la pared la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Éste es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quieres es un procedimiento más sofisticado, puedes atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Dado que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la velocidad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad, al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de precesión. En fin, concluyó, existen otras
muchas maneras. Probablemente, siguió, la mejor sea coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.

En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios sus profesores habían intentado enseñarle a pensar. El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia, es que LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.

Por cierto, para los escépticos: esta historia es absolutamente verídica.
Pese a ese último apunte, mi impresión es que sonaba demasiado perfecta para ser cierta. La fabulosa recopilación de información acerca de leyendas urbanas y rumores Snopes indica que la primera referencia que han encontrado sobre esta historia se remonta a un artículo de la mítica revista Selecciones del Reader's Digest en 1958 escrito por el Dr. Alexander Calandra. Como podéis comprobar, su autoría de la historia del barómetro se menciona en incluso en su necrológica.



No obstante es un estupendo texto para recordarnos ese dicho tan castizo como políticamente incorrecto hoy día: hay muchas formas de despellejar un gato. Y no siempre nos paramos a pensar cuando estamos haciendo un trabajo si estamos considerando realmente todas las alternativas o si estamos utilizando el piloto automático y aplicando las recetas que hemos aplicado otras veces. Puede requerir auténtica violencia mental contra uno mismo romper los hábitos adquiridos.

Nos leemos.

P.D. Prometo que escribiré la crónica de la semana intensiva del EMBA antes de que llegue la siguiente... lo prometo, de verdad.

4 comentarios:

Telémaco dijo...

Bohr uso (o no) todos esos métodos para calcular la altura con el barómetro.

Pero hubo otros dos compañeros de clase que resolvieron el problema de forma creativa:
-uno de ellos aplicó el teorema de Tales a dos triángulos semejantes construidos con las sombras de la torre y el barómetro ( y llegó a ser un gran matématico ).
-otro de ellos le dio el barómetro al portero del edificio a cambio de la información y llego a ser un gran empresario y jefe de Bohr y del matemático.

Cesar Viteri dijo...

El del portero apuntaba maneras, sí ;)

Anónimo dijo...

Hola, "genio de la investigacion documental", será que no puedes pensar en Niels borh tenía la capacidad para hacer eso y que en esencia, dado que la fecha de Ernest data de 1908, fue el señor Calandra, o como se llame el que se atribuyó la autoría tardia, y se aseguró con un mecanismo que quedara como prueba, asi no fuera suya?- ojo genio que todas las variables son posibles. en teoria de complejidad, no se puede pretender la verdad absoluta, porque siempre ha informacion ausente.

Atte. jefrey. email: tesisyensayos@yahoo.es

Cris Reflexiones dijo...

Tal vez en alguna ocasión en vez de utilizar la fórmula convencional para resolver un problema, debamos pensar en otras posibles alternativas e intentar más admisibles soluciones.

Al protagonista le habían enseñado a pensar ¿y nosotros?... ¿Recapacitamos lo suficiente cuando nos enfrentamos a un problema?